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¿Cuáles son los mejores vinos sudafricanos?

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Sudáfrica ofrece una diversidad impresionante: blancos frescos de Chenin Blanc (la cepa más plantada del país), tintos complejos del Swartland y Stellenbosch, la autóctona Pinotage y espumosos de calidad del Méthode Cap Classique. Con más de 350 años de historia vitícola, es uno de los países vinícolas más dinámicos del mundo.

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Sudáfrica es quizás el país vitícola que más ha evolucionado en las últimas dos décadas. Emergiendo de las sanciones del apartheid que la habían aislado durante años del comercio internacional, la viticultura sudafricana ha vivido desde los años 90 una revolución sin precedentes: nuevas generaciones de viticultores, retorno a los viñedos viejos, reducción drástica de rendimientos y viticultura biodinámica.

El Chenin Blanc —llamado aquí Steen— es el rey blanco del Cabo: Sudáfrica es el mayor productor mundial de esta cepa oriunda del Valle del Loira. En manos de productores del Swartland como Eben Sadie o Chris Alheit, los viejos viñedos de Chenin sobre suelos de esquisto y granito producen blancos de una complejidad y tensión que rivalizan con los mejores Vouvray o Savennières. El Swartland Revolution, movimiento nacido en 2010, ha puesto a esta región en el mapa de los vinos de culto mundial.

El Pinotage es la seña de identidad sudafricana: cepa creada en 1925 al cruzar Pinot Noir y Cinsault, produce tintos de color rubí oscuro con aromas de cereza negra, banana, humo y especias. En manos de un maestro como Kanonkop, se transforma en un vino de gran personalidad y longevidad. Stellenbosch concentra las estates más prestigiosas con tintos de Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah de altísimo nivel. La Constantia, el viñedo más antiguo del país (1685), produce el mítico Vin de Constance, un dulce natural de Moscatel que Napoleón pedía en su exilio de Santa Helena.

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