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¿Por qué algunas añadas son mejores que otras?

Respuesta rápida

La calidad de una añada depende del clima de ese año en esa región específica: temperatura, lluvia, duración del sol, heladas tardías, tormentas de granizo. Las grandes añadas combinan una maduración lenta y regular de la uva, sin exceso de agua ni de calor, que permite desarrollar complejidad aromática y acidez equilibrada.

Respuesta detallada

La calidad de una añada es el resultado de una combinación de factores climáticos que el viticultor no puede controlar, solo acompañar. Entender por qué algunas añadas son superiores es entender la biología de la vid y la física del clima.

El ciclo de la vid tiene tres fases críticas donde el clima determina todo. La primera es el desborre en primavera (marzo-abril): si hay heladas tardías después de que la yema ha brotado, las pérdidas de cosecha pueden ser catastróficas. El 2021 en Burdeos y el 2017 en Borgoña fueron marcados por heladas de abril que destruyeron entre el 30 y el 80% de la producción en ciertas parcelas. Menos uvas, pero las que sobreviven concentran más — a veces la catástrofe produce el mejor vino.

La segunda fase es la floración y el cuajado (junio): si llueve durante la floración, los granos no se forman correctamente (coulure). Un verano húmedo puede traer botrytis gris (podredumbre gris) que destruye la uva, a diferencia de la botritys noble del Sauternes. El equilibrio hídrico del verano es decisivo: la vid necesita suficiente agua para no estresarse, pero no tanta que diluya los azúcares.

La tercera fase es la maduración y vendimia (agosto-octubre): es aquí donde el clima construye o destruye la añada. Noches frescas en septiembre que preservan la acidez natural de la uva mientras el sol de día continúa madurando los azúcares y los polifenoles — esta es la condición del «verano indio» que produce las grandes añadas. El 2010, el 2015 y el 2016 en Burdeos tuvieron exactamente esta combinación.

En España, las diferencias entre añadas varían enormemente según la región. En Galicia atlántica (Rías Baixas), los años húmedos plantean el riesgo de podredumbre en el Albariño; los años secos y soleados de septiembre producen la concentración y el equilibrio. En La Rioja y Ribera del Duero, el granizo de agosto es el peor enemigo de la añada: una tormenta intensa puede arrasar una parcela entera en minutos. En Jerez, el sistema de solera mezcla múltiples años y neutraliza la variabilidad climática — por eso el Jerez raramente tiene añada.

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