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¿Por qué el vino tinto provoca dolor de cabeza?

Respuesta rápida

El vino tinto puede provocar dolor de cabeza por varias razones: su mayor contenido de taninos, histamina y tiramina, el efecto vasodilatador del alcohol, y la deshidratación. Rara vez son los sulfitos el culpable principal.

Respuesta detallada

El dolor de cabeza asociado al vino tinto es un fenómeno real que afecta a una parte significativa de los consumidores, y entender sus causas reales permite gestionarlo mejor —o elegir alternativas más adecuadas para quien tiene sensibilidad.

El alcohol es el primer factor. El etanol tiene efectos vasodilatadores directos sobre los vasos sanguíneos cerebrales, y su metabolito el acetaldehído es especialmente tóxico para el organismo. Además, el alcohol es un diurético que favorece la deshidratación, uno de los desencadenantes más comunes del dolor de cabeza. Una persona que bebe 2-3 copas de vino tinto sin tomar agua simultáneamente puede perder fluidos suficientes como para que la cefalea aparezca durante la noche o a la mañana siguiente.

Los taninos son el segundo factor específico del vino tinto. Los taninos son polifenoles que se encuentran en la piel, las pepitas y los hollejos de la uva (y en la madera del barril), y son responsables de la sensación de astringencia característica de muchos tintos. En algunas personas, los taninos estimulan la liberación de serotonina, un neurotransmisor que en ciertos patrones puede desencadenar migraña o dolor de cabeza. Las personas con predisposición a la migraña son especialmente sensibles a este efecto.

Las aminas biógenas —histamina y tiramina— son el tercer factor. El vino tinto, especialmente cuando ha tenido larga maceración con los hollejos y crianza prolongada, puede contener concentraciones significativas de histamina y tiramina. Estas aminas son vasoactivas: dilatan los vasos sanguíneos y pueden desencadenar cefalea en personas con déficit de la enzima diamino-oxidasa (DAO), que normalmente degrada la histamina en el intestino. Esta sensibilidad a las aminas biógenas es más frecuente de lo que se cree, y explica por qué algunas personas tienen problemas con el vino tinto pero no con el blanco.

¿Cómo reducir el riesgo? Beber agua entre copas (mínimo un vaso de agua por cada copa de vino), comer bien antes de beber, preferir tintos de maceración corta y menor crianza (Beaujolais, Garnacha joven, Mencía sin roble) si eres sensible, y no exceder las 2 copas en una misma ocasión son las medidas más efectivas. Si los problemas persisten con cualquier tipo de vino, puede valer la pena evaluar con un médico la posibilidad de intolerancia a la histamina.

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