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¿Qué copa usar según el tipo de vino?

Respuesta rápida

Cada tipo de vino tiene su copa ideal. Los tintos con mucho cuerpo necesitan copas amplias tipo Burdeos o Borgoña para que los aromas se desarrollen; los blancos prefieren copas más estrechas y alargadas; los espumosos ganan con la flauta o la copa tulipa para preservar las burbujas.

Respuesta detallada

En la cultura española del vino, la copa es el último paso antes del placer. Como dice el dicho: «el vino entra por los ojos» — y también por la nariz. La elección de la copa no es un capricho de sumiller pretencioso: es una cuestión de física y química aromática.

Para los vinos tintos de mucho cuerpo — un Rioja Gran Reserva, un Toro de Tempranillo, un Priorat de Garnacha y Cariñena —, la copa bordelesa o la copa Borgoña son las reinas. La copa bordelesa, alta y con caliz ancho, dirige los aromas hacia la nariz mientras los taninos se oxigenan ligeramente. La copa Borgoña, más ancha todavía y con boca más estrecha, concentra los aromas de vinos más delicados como el Pinot Noir o un Mencía de la Ribeira Sacra.

Para los tintos jóvenes y frescos — un Garnacha de Aragón, un Prieto Picudo de Zamora, un Beaujolais francés —, una copa universal de tamaño medio es perfecta. No hace falta complicarse.

Para los vinos blancos, la copa debe ser más estrecha y alta que la de los tintos. Así se conserva mejor la temperatura (la boca más pequeña limita el contacto con el aire caliente) y se dirigen los aromas hacia la nariz de forma precisa. Un Albariño de Rías Baixas, un Godello de Valdeorras o un Verdejo de Rueda brillan en una copa blanca bien diseñada. Los blancos con crianza en barrica, como un Rioja Blanco Reserva, agradecen una copa algo más amplia.

Para los espumosos — cava, champán, prosecco, crémant —, el debate entre la flauta y la copa tulipa está zanjado entre los profesionales: la copa tulipa gana. La flauta conserva las burbujas pero concentra mal los aromas. La copa tulipa (más ancha en el centro, estrecha en la boca) hace las dos cosas. El mítico platillo o «coupe» —supuestamente moldeado sobre el pecho de Marie Antoinette— es decorativo pero hace perder las burbujas demasiado rápido.

Para los vinos generosos — un Jerez Fino, un Manzanilla, un Oloroso, un Pedro Ximénez —, la copa catavinos o copita es la elección tradicional y funcional: pequeña, cónica, permite concentrar los complejos aromas de estos vinos únicos en el mundo.

Y para los vinos de postre dulces — Moscatel de Valencia, Sauternes, Tokaji —, una copa pequeña y estrecha preserva el equilibrio entre dulzura y acidez.

Inversión recomendada: si solo puedes tener una copa universal en casa, busca una de calidad media-alta con un cáliz de unos 45–50 cl de capacidad y paredes finas de cristal sin plomo. Marcas como Riedel, Schott Zwiesel o Zalto ofrecen excelentes opciones. Una buena copa multiplica el placer de cualquier vino — incluso de uno modesto.

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