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¿Qué es el vino naranja y por qué está de moda?

Respuesta rápida

El vino naranja es un vino blanco vinificado como un tinto: las uvas blancas maceran con sus pieles durante días, semanas o incluso meses. Esto confiere al vino un color ámbar-anaranjado, taninos significativos, aromas oxidativos y una textura muy particular. Es la tendencia más polarizante del mundo del vino natural.

Respuesta detallada

Si hay un vino que mejor simboliza la revolución del vino natural y el auge de la viticultura ancestral en el siglo XXI, ese es el vino naranja. Pero naranja no es un color de marketing — es una técnica de vinificación milenaria que estaba casi en el olvido hasta que algunos productores valientes de Eslovenia y Georgia empezaron a recuperarla hace unos 20 años.

El principio es simple: tratar las uvas blancas como si fueran uvas tintas. En la vinificación convencional de blancos, las pieles se separan del mosto casi de inmediato para evitar la extracción de taninos y compuestos fenólicos. En el vino naranja, las pieles permanecen en contacto con el mosto durante un tiempo variable — desde 3 días hasta 12 meses en los casos más extremos. Este contacto extrae taninos, pigmentos (que viran del amarillo al ámbar-anaranjado) y una gama de compuestos aromáticos que transforman radicalmente el perfil del vino.

El resultado es un vino inclasificable en los esquemas convencionales. Tiene la acidez y las notas florales y frutales de un blanco, pero la estructura tánica y la textura de un tinto. Los aromas suelen ser oxidativos — nuez, almendra, curry, miel oscura, flores marchitas — con una mineralidad pronunciada. En boca, la presencia de taninos produce una sensación seca y ligeramente astringente, muy diferente a cualquier blanco convencional.

En España, la tradición del vino con maceración pelicular existe en algunos territorios — los vinos de Galicia tienen históricos precedentes — y productores innovadores del Penedès, Cataluña o incluso La Mancha están experimentando con técnicas de maceración prolongada en variedades autóctonas como la xarel·lo, la godello o la albariño. Los resultados son a menudo fascinantes.

El vino naranja no gusta a todos — y eso forma parte de su encanto. Es un vino que exige apertura mental, que premia la curiosidad y que tiene mucho más sentido junto a una tabla de quesos curados, embutidos mediterráneos o cocina asiática que con un lenguado a la plancha.

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