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¿Qué es un vino tánico?

Respuesta rápida

Un vino tánico es aquel con una concentración elevada de taninos, que produce una sensación de sequedad y astringencia notable en boca. Variedades como el Cabernet Sauvignon, el Nebbiolo o el Tannat son célebres por su carácter tánico. Con la crianza, los taninos se suavizan y se integran.

Respuesta detallada

Cuando un catador describe un vino como «muy tánico» o «con mucha estructura», está describiendo una experiencia táctil específica: esa sensación de sequedad en las encías y las mejillas, esa contracción leve de la mucosa que en inglés llaman «grippy» y que en español podemos llamar griposa, astringente o apretada. Los taninos son la arquitectura invisible del vino tinto.

Químicamente, los taninos son polímeros polifenólicos que se unen a las proteínas —de la saliva, de los alimentos— con gran avidez. Cuanto más grandes las cadenas de taninos, más áspera e intensa la sensación. Los taninos de los hollejos (pieles) de la uva son generalmente más finos que los de las pepitas, que aportan una astringencia más agreste, especialmente si la uva no estaba perfectamente madura (la llamada «madurez fenólica» es tan importante como la madurez azucarada).

En España, el Monastrell de Jumilla o Yecla es uno de los tintos más tánicos que produce la Península. El Tinto Fino (Tempranillo) en Ribera del Duero puede ser muy tánico en su juventud pero evoluciona extraordinariamente bien. El Cabernet Sauvignon, introducido en muchas regiones españolas desde los años 80, aporta su carácter tánico potente a los ensamblajes.

Pero la tanicidad no es por sí misma un defecto ni una virtud: depende del equilibrio. Un vino muy tánico con poca fruta y poca acidez resulta desequilibrado e incómodo; el mismo nivel de taninos en un vino con fruta concentrada y buena acidez resulta poderoso y con gran potencial de guarda. Los grandes Barolo italianos, los Ribera del Duero de añadas cálidas o los clásicos Pauillac bordeleses son muy tánicos en su juventud y extraordinariamente seductores con 10 o 20 años de botella.

La crianza transforma los taninos: en barrica, el oxígeno que penetra a través de la madera polimeriza las cadenas tónicas haciéndolas más largas y suaves. En botella, el proceso continúa en ausencia de oxígeno. Ese es el milagro del envejecimiento del vino tinto: lo que era áspero se vuelve sedoso, lo que era rígido se vuelve envolvente.

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