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¿Qué vino combina con el roquefort?

Respuesta rápida

El roquefort — azul de oveja, salado e intenso — tiene un maridaje legendario: el Sauternes. El azúcar y la botritys del Sauternes doman la salinidad y la picante del azul en un contraste extraordinario. También funcionan un Banyuls, un Pedro Ximénez de Jerez o un Oporto Vintage para los más valientes.

Respuesta detallada

El roquefort es uno de los quesos más intensos del mundo, y su maridaje con vino es uno de los debates más apasionantes de la enogastronomía. La sal concentrada, el moho Penicillium roqueforti con su amargor y su picante, y la grasa de la leche de oveja lanuda — todo esto crea un perfil que necesita un vino con carácter igualmente fuerte.

El maridaje histórico y legendario es el Sauternes. El Baron de Montesquieu, que vivía cerca de Sauternes en el siglo XVIII, ya documentó este maridaje en sus escritos. La lógica es pura: el azúcar residual del Sauternes (85-150 g/l) amortigua la salinidad agresiva del roquefort; la acidez del Sémillon y el Sauvignon Blanc contrarresta la grasa de la oveja; y los aromas de miel de acacia, azafrán y albaricoque del Sauternes se combinan con los del queso en una harmonía de gran elegancia. Es el contraste magistral llevado a su expresión más alta.

Para quienes prefieran tintos o vinos fortificados, las opciones son igualmente memorables. El Banyuls Rimage del Rosellón (garnacha dulce, crianza oxidativa en bombonas de vidrio al sol) con sus aromas de cereza macerada, cacao y nuez casa perfectamente con el roquefort: dos personalidades fuertes que se reconocen y se respetan. El Porto Vintage o LBV — con su potencia y su fruta negra concentrada — es otro maridaje de carácter que los aficionados al queso azul valoran mucho.

El Pedro Ximénez de Jerez — negro, denso, con aromas de higo seco, pasas y melaza — es la respuesta española más audaz y más gratificante. La concentración dulce extrema del PX convierte la salinidad del roquefort en algo casi amable, y el conjunto resulta en una experiencia sensorial casi de postre. Sírvelo muy frío (8-10 °C) para que su dulzor no resulte excesivo.

En España, el roquefort encuentra sus equivalentes en los quesos azules ibéricos: el Cabrales asturiano (posiblemente el azul más intenso del mundo), el Valdeón de León, el Picos de Europa. Para el Cabrales, el maridaje de terroir es una sidra asturiana natural muy fría — pero en términos de vino, un Moscatel de la Marina (Alicante) o un Rancio Seco de Cataluña son opciones llenas de carácter.

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