¿Qué vino maridar con una pierna de cordero?
Respuesta rápida
La pierna de cordero es un plato de gran nobleza que merece vinos con carácter: un Rioja Reserva o Gran Reserva, un Ribera del Duero potente, o un Priorat son las elecciones más acertadas. Para un cordero asado con hierbas mediterráneas, también brilla un buen rosado seco de Navarra.
Respuesta detallada
El cordero asado es uno de los grandes rituales de la gastronomía española, especialmente en Castilla, Aragón, Extremadura y La Rioja, donde el lechazo —cordero lechal asado en horno de leña— es una institución gastronómica de rango casi religioso. La pierna de cordero representa la versión más adulta y contundente de este manjar, con su sabor intenso, su grasa característica y sus aromas que llenan el horno y la mesa de forma envolvente.
El maridaje perfecto para la pierna de cordero es uno de los más apasionantes de la enología española, precisamente porque las denominaciones de origen que producen los mejores vinos de guarda son también las regiones donde el cordero es rey de la gastronomía local. Rioja y lechazo, Ribera del Duero y cordero castellano: la geografía del vino y la geografía de la cocina se solapan de forma providencial.
Un Rioja Gran Reserva de un buen año —con su Tempranillo envejecido durante al menos 5 años entre barrica y botella— alcanza con el cordero asado una de sus expresiones más plenas. Las notas de cuero, especias, tabaco, fruta seca y vainilla del Rioja de guarda se funden con la grasa del cordero y los aromas de romero y ajo del asado en una armonía que evoca los grandes banquetes de la España de siempre.
El Ribera del Duero Reserva, con su Tinto Fino más tánico y su carácter más mineral y potente, es otra elección excelente: su densidad se equilibra con la contundencia de la pierna, y su acidez corta la grasa dejando el paladar fresco para el siguiente bocado.
El Priorat, con sus garnachas y cariñenas sobre pizarra, ofrece un maridaje más terroso y mineral, con una concentración que puede resultar incluso más intensa que el cordero mismo: en este caso, asegúrate de que el vino haya tenido suficiente tiempo de botella para suavizar sus taninos.
Para el cordero asado con hierbas frescas (romero, tomillo, lavanda) o en preparaciones más ligeras, los rosados secos de guarda —especialmente los rosados de Navarra con estructura— son una alternativa brillante: su frescura, su fruta y su acidez limpian perfectamente los jugos del cordero sin perder el maridaje.