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¿Qué vino usar para cocinar?

Respuesta rápida

La regla de oro es simple: cocina con un vino que bebas con gusto, nunca con uno que no bebas. Los «vinos de cocina» industriales arruinan los platos. Un vino modesto pero correcto — un Côtes du Rhône, un Picpoul, un Rioja joven — es siempre mejor que un líquido oxidado con sal añadida.

Respuesta detallada

«Nunca cocines con un vino que no bebas» — este consejo, atribuido a Julia Child, es la norma más importante de la cocina con vino. Y sin embargo, millones de cocinas europeas tienen esa botella de «vino para cocinar» barato, salado e industrializado que arruina los guisos con tanto ahínco como lo enriquece el vino correcto.

La razón química es simple: al cocinar, el agua y el alcohol del vino se evaporan, pero los ácidos, los azúcares, los taninos y los compuestos aromáticos se concentran. Un vino deficiente, oxidado o con añadidos industriales concentrará sus defectos. Un vino modesto pero honesto concentrará sus virtudes.

Para las salsas de vino tinto (bourguignon, estofado de buey, ragú), usa un tinto de estructura media y buena acidez: un Côtes du Rhône, un Barbera d'Asti, un Tempranillo joven. No malgastes un Barolo ni un Rioja Gran Reserva en la cazuela — su complejidad se perdería con el calor. Pero tampoco uses el peor vino de la estantería: el equilibrio es la clave.

Para las salsas de vino blanco (beurre blanc, crema de mejillones, risotto, pollo al vino blanco), un Muscadet, un Pinot Grigio o un Verdejo joven son elecciones perfectas: secos, con buena acidez y sin exceso de aromas que compitan con los ingredientes del plato. Para el risotto, el vino blanco seco de la región italiana del arroz que usas es siempre la opción más coherente.

Para los platos con vino dulce (pollo al Oporto, pato con Banyuls), sí puedes usar un Oporto Ruby o Tawny de entrada de gama: la cocción concentrará su dulzor y sus aromas de fruta sin necesitar la complejidad de un Vintage.

En España, la tradición de cocinar con vino tiene raíces profundas: el Jerez (Fino, Amontillado) en las salsas andaluzas, el Rioja en los guisos castellanos, el Albariño en los platos gallegos de mariscos. Usar el vino de la región en el plato regional es el principio de terroir aplicado a la cocina: coherencia, autenticidad, buen gusto.

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