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¿Qué vino va bien con el tajín?

Respuesta rápida

El tajín marroquí, con sus especias cálidas, su dulzor de frutos secos y ciruelas, y la untuosidad de la carne de cordero o pollo, pide vinos aromáticos y con cierta redondez: Viognier, Gewürztraminer, rosados mediterráneos de cuerpo, o tintos con fruta abundante y taninos suaves.

Respuesta detallada

El tajín (tajine) es uno de los platos más aromáticos y sensuales de la cocina del Magreb — una cocción lenta en terracota que concentra los aromas de las especias (canela, comino, cilantro, jengibre, ras el hanout), la dulzura de los frutos secos (almendras, ciruelas, dátiles, orejones de albaricoque) y la untuosidad de la carne confitada. Para maridar con el tajín, el vino debe tener carácter aromático propio y una redondez que dialogue con la dulzura y las especias del plato.

El Viognier: la elección más reveladora. El Viognier, variedad originaria del Ródano norte (Condrieu, Château-Grillet), tiene aromas de melocotón, albaricoque, violeta y especias que armonizan de forma casi mágica con las especias cálidas del tajín. Su redondez y su baja acidez (en comparación con otras variedades) complementan la untuosidad de la carne confitada sin choque. Un Viognier de Pays d'Oc o uno de las nuevas plantaciones españolas en Terra Alta o DO Rueda es una elección accesible y sorprendente.

El Gewürztraminer de Alsacia: el compañero aromático por excelencia de las cocinas con especias orientales. Sus aromas de rosas, lichi, jengibre y canela se superponen con los del tajín de forma extraordinariamente armoniosa. Para un tajín de pollo con limón confitado, un Gewürztraminer seco; para un tajín de cordero con ciruelas y miel, un Vendanges Tardives ligeramente dulce.

Rosados mediterráneos: para quienes prefieren el rosado, uno de cuerpo y carácter — un rosado de Provence de Grenache y Mourvèdre, un rosado de Jumilla de Monastrell, o un rosado de Navarra de Garnacha — aporta la frescura que contrasta con las especias calientes y la redondez que complementa la grasa de la carne.

Tintos suaves: si la opción es el tinto, evitar los que tienen taninos potentes y buscar los más redondos y afrutados. Un Grenache joven de Roussillon, un Cinsault del Languedoc, o en España un Garnacha de Calatayud joven o un Bobal de Utiel-Requena. Para un tajín muy especiado, la fruta abundante del tinto compensa la potencia aromática del plato.

El contexto cultural: en Marruecos, el tajín se bebe tradicionalmente con té de menta, no con vino. El maridaje con vino es una interpretación occidental del plato — y funciona precisamente porque la gastronomía del Mediterráneo es un espacio de encuentro de culturas. La generosidad del tajín invita a la misma generosidad en el vino elegido.

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