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¿Qué vinos argentinos y chilenos hay que conocer?

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Argentina brilla con su Malbec de Mendoza y Patagonia; Chile con el Carménère, la Syrah de Elqui y el Sauvignon Blanc costero. Ambos países producen vinos de gran relación calidad-precio gracias a terroirs privilegiados y viticultores apasionados que mezclan tradición europea con innovación sudamericana.

Respuesta detallada

América del Sur es hoy uno de los territorios vinícolas más emocionantes del mundo, y Argentina y Chile son sus protagonistas principales. Dos países vecinos, separados por la Cordillera de los Andes, con dos tradiciones y dos identidades vinícolas propias que se han convertido en referencias globales en pocas décadas.

Argentina tiene en el Malbec su pasaporte al mundo. Esta cepa, originaria del Suroeste francés (Cahors), llegó a Argentina con los inmigrantes europeos en el siglo XIX y encontró en la altitud mendocina (700-1.200 metros sobre el nivel del mar) su tierra prometida. El Malbec argentino es diferente al de Cahors: más maduro, más redondo, con aromas de mora negra, ciruelas, violeta y chocolate; taninos maduros y un cuerpo que seduce inmediatamente. Mendoza es el epicentro — con subzonas como Luján de Cuyo y Valle de Uco (éste a mayor altitud y frescura) — pero Patagonia (Río Negro, Neuquén) produce Malbecs y Pinot Noirs de frescura sorprendente en latitudes más australes.

Más allá del Malbec, Argentina tiene joyas menos conocidas. El Torrontés, blanco aromático único del país (Salta, La Rioja, Mendoza), es el blanco nacional argentino: flores exuberantes, fruta tropical, frescura sorprendente en altitudes de hasta 3.000 metros. El Cabernet Sauvignon de Mendoza, la Bonarda (la uva tinta más plantada del país), y los Pinot Noir y Merlot del sur son tesoros por descubrir.

Chile es la tierra de los terroirs extremos. La Cordillera de los Andes al este y el Pacífico al oeste crean corredores de viento que moderan las temperaturas y permiten vendimias largas y aromáticas. El Carménère, cepa bordelesa perdida en Europa pero superviviente en Chile (confundida durante décadas con Merlot, identificada como Carménère en 1994 por ampelógrafos), es la cepa identitaria chilena: herbácea, especiada, con aromas de pimiento verde, fruta negra y tabaco.

El Sauvignon Blanc del Valle de Casablanca y San Antonio, con influencia oceánica directa, es refrescante, cítrico y mineral. El Syrah del Valle del Elqui, a casi 2.000 metros de altitud en el norte desértico chileno, es una revelación: fresco, perfumado, con una pureza mineral asombrosa. Los vinos del Valle de Maipo (Cabernet Sauvignon de estructura bordelesa), del Valle de Colchagua (tintos potentes y expresivos) y del Valle del Bío-Bío (tintos frescos y elegantes del sur) completan un mosaico fascinante.

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